Résumé du Balai

 

Présentation S.P. 2007

 

 

Condamnation du Balai au Mexique en 1787

Ce texte nous a été aimablement signalé et adressé par Monsieur Gabriel Torres Puga, professeur d'histoire à Mexico.  

      (Nous en proposerons prochainement une traduction et un résumé en français.)

Denuncia y censura de Le Balai en la ciudad de México (1787)

Fuentes 1780-1790 AGN-Inquisición, vol. 1218

 

“Censura de la obra francesa titulada Le Balai Poeme Heroi Comique”, ejemplar procedente de la biblioteca del Conde de Gálvez, virrey de la Nueva España.

 

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En el Santo Oficio de la Inquisición de México, en cinco días del mes de julio de mil setecientos ochenta y siete años, estando en su audiencia de la mañana los señores inquisidores doctor don Juan de Mier y Villar, don Francisco Rodríguez de Carasa y don Antonio Bergosa y Jordán, habiendo presentado en él el señor inquisidor decano un libro intitulado Le Balai Poemè Heroï-Comique; que le había entregado el día anterior un cajero de don Juan Antonio Yermo, llamado don Agustín de Pagazartundúa, que había comprado de los bienes del difunto señor virrey Conde de Gálvez, dijeron:

Que para su inspección y reconocimiento se pase a los calificadores fray Domingo Gandarías y fray Cosme Enríquez. Así lo acordaron, mandaron y firmaron.—Dr. Mier. Dr. Carasa. Dr. Bergosa.—D. Matías Josef de Náxera, secretario.

 

349 r    [Parecer de los calificadores]

 

Ilustrísimo Señor

 

Aunque por estar en francés el libro intitulado Le Balai no tengamos una perfecta atingencia de sus expresiones y rasgos poéticos, y aun le entendamos con algún menor tino, que si estuviera en prosa, con todo basta la tal cual inteligencia de su plan, sus pinturas y pasajes, para calificarle de libro el más obsceno, impío, irrisorio de la religión católico-romana, blasfemo de

 

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Dios y los Santos, y en fin, el más horrible que ha podido abortar  el libertinaje más descarado, impelido por el inmundo espíritu de Asmodeo, no basta para su calificación el estar dedicado al infame autor de la Pucelle (Voltaire= quien incurrió por este poema el público odio aun de los menos escrupulosos, por su desvergonzada lascivia; no basta para su calificación el haber dicho el célebre Balai ser hija de la Pucelle de Voltaire; tan obscena le juzga y tan parecida a tan vil madre; no basta que el mismo autor presintiera la justa indignación aun de la potestad  seglar por un tan infame libro, haya pronunciado (aunque él lo dice en tono de ironía) sentencia de ser quemados Le Balai y el Poeta [1], no basta en fin que tome por tema de su prefacio esta insolente cuarteta en que confiesa su libertinaje: Le poete doit etre sage. Pour ses vers il importe pe[r] il n’avrait ni grace, ni jeu; sans un air de libertinage. Todos estos prejuicios, bastantes para condenar a las llamas la obra y al autor, sino se retrataran,

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no expresan suficientemente la malignidad, insolencia, brutal lujuria y desprecio, que hace el impuro poeta del pudor, de la razón, religión y de todo aquello que sanctum est inter homines. Apenas hay, no digo página, pero ni verso, que no respire una universal infección de costumbres, dogmas, natural pudor, de blasfemias, truhanerías contra Dios, los Santos, las Ordenes religiosas, los Papas, frailes y monjas, en una palabra todo lo que se venera y se tiene por Sacrosanto en la Iglesia Católica, de modo que sin hipérbole puede afirmarse que el Alcorán de Mahoma en comparación de este infame libro es tolerable, y aun piadoso.

            Por lo qual no sólo somos de dictamen que se prohiba aun para los que tienen licencia de leer libros prohibidos, sino que si pudiera ser, se queme por mano de verdugo en la pública plaza, y se inquiera del sujeto que introduxo libro tan pestilencial en estos reinos, pues es imposible que no sea un libertino decidido, [2] quien

 

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hubiese a sabiendas conservado en su poder tan venenosa producción, imaginada sólo para corromper el corazón humano.

 

            México y Convento de N. P. Santo Domingo, julio 13 de 1787.

Fray Domingo de Gandarías. Mro. Calificador.

Fray Cosme Enriquez Mro Calificador.

 

De aquí salió la petición del fiscal Bergosa, aprobada por los Sres. Mier y Carasa, para proceder al examen de Pagazartundúa, comprador de la obra mencionada.—Se encargó al comisario de Corte, D. Juan Antonio Bruno.

 

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En la ciudad de México a veinte y siete días del mes de agosto de mil setecientos ochenta y siete años, ante el licenciado y maestro D. Juan Antonio Bruno, comisario de

 

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Corte del Santo Oficio de la dicha ciudad, pareció siendo llamado, y juró en forma que dirá verdad, un hombre que dixo llamarse D. Agustín Pagazartundúa, ser español natural y vecino de esta ciudad, de estado soltero, cajero de D. Juan Antonio Yermo y de edad de veinte y siete años.

                        Preguntado de dónde adquirió el libro intitulado Le Balai. poeme Heroi Comique, que en cuatro de julio de este año entregó al señor inquisidor decano, si sabe que haya otros ejemplares, y por consejo o dictamen de quién lo entregó. Dixo: Que lo adquirió en la almoneda del Exmo. Sr. Conde de Gálvez; ignora si hay otros exemplares; que habiendo leído el que declara algo del expresado libro y  visto la perversa doctrinada que contenía, se lo dixo al Dr. Don José Uribe y éste le respondió lo entregase al Sr. Inquisidor Mier como lo verificó, y que ésta es la verdad por el juramento que tiene hecho y siéndole leído esta su declaración, dixo: Que estaba bien escrita y en ella se afirmaba y afirmó, ratificaba y ratificó y lo firmó con dicho Sr. Comisario de Corte.

 

[En vez de conformarse con el primer dictamen sobre Le Balai, los inquisidores decidieron enviarla a un segundo calificador. El elegido fue fray Francisco de San Cirilo, provincial de San Alberto de los Carmelitas Descalzos, a quien se le pidió que extractase con puntualidad las proposiciones censurables de la obra aplicando a cada una la censura teológica correspondiente.]

 

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Ilmo. Señor

 

En obedecimiento al decreto de vuestra señoría ilustrísima, que antecede, he leído el libro, que por él se sirve V. S. I., remitir a mi censura. Este, Ilmo. Señor, es uno de los muchos libros que en este infeliz tiempo ha producido la impiedad, para ridiculizar todos los actos piadosos de la religión, especialmente los que se observan en los claustros. Está escrito en verso y en un estilo burlesco

 

el más proprio para hacerse agradable y se vale de palabras tan soeces, de alusiones tan impuras y de phrases tan deshonestas, que chocará su lectura a qualquiera que conserve un rasgo de pudor.

 

            El autor se propone describir en los [di]ez y ocho cantos que contiene su obra, el [ac]to que hubo en un convento de religiosas, p[or] haber las jóvenes, animadas de una Sor [Úr]sula, que es la heroína de este poema, ec[har] al río una escoba que las antiguas guar[da]ban con veneración en un rincón de su s[ala] capitular.

 

            Para hacer esta averiguación, supone en su primer cantino a su heroína dormida, y que [una] frailería le inspira en sueños el furor que [su] ser proprio de las comunidades, de las que habla [con] el mayor desprecio. suponiendo así en es[te] como en los otros cantos, que no hay reli[gioso] ni religiosa, que no este desesperado en [sus] claustros. Supone que las religiosas tie[nen] comunicaciones ocultas en sus conven[tos] dice de ellas, como tabién de los relig[iosos] cuantas maldades se pudieran imagin[ar] de los hombres y mujeres más disolutas.

            Ridiculiza los capítulos de culpas, devociones del Rosario y del cordón de San Francisco.  Refiere la vida del P. Confesor, a quien supone de una vida desarreglada y que habiendo vivido en mala amistad muchos

 

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años pasó a Roma, donde el Papa le vendió por dinero la absolución.

                        Pinta en otro canto los amores de este padre director con su criada, y después como desfloró a su heroína Sor Ursula, pero con tanta deshonestidad, que no pueden leerse estos versos sin abochornarse.

                        En otro hace una averiguación indignísima de los santos fundadores de las religiones, yde todos lo que las profesan. A S. Pacomiio le hace decir a su heroína: Que los claustros son el sepulcro de los tontos, y que si en el lugar del hábito hubera tomado una mujer, le hubiera costado menos el salvarse. A San Francisco le hace decir muchas deshonestidades. De Santo Domingo dice que era un bárbaro, cruel que no sabía hablar. De San Bernardo, que engañaba a los príncipes, y que escribió un gran tomo enseñando a guisar huevos, y que sus religiosos de Cister vande noche a buscar las mujeres por el campo. De San Juan de Ma[l]tha y S. Felix de Valois, que habiendo ido a comprar vino a una taberna vieron en la puerta un retazo viejo de varios colores, y que se les antojó que era la Cruz distintiva de su orden. A San Ignacio le hace decir mil insolencias. Aunque de mi madre Santa Teresa no dice ningún mal, pero dice que sus ojos derramaron muchas lágrimas por establecer la castidad entre los carmelitas, pero que el aire de las naguas ha malogrado el fruto de sus lecciones.

 

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Esto he dicho precisamente para insinuar una idea de este libro. V. S. I, me ordena que extracte las proposiciones dignas de censura. Era menester extractar todo el libro porque no hay en él renglón que no contenga desprecio de la religión de los santos, de las observancias monásticas, de las indulgencias, del Papa, &a. Sin embargo, para obedecer a V. S. I. digo: que en la pág 4 lín 2 y siguientes, dice: su sangre impura calentada por el ardon del Santo Cordón del orden seráphico, proposición impía y blasfema que atribuye a una señal de devoción el efecto de aumentar la impureza. El la pág. 24 dice: Nuestros deseos son nuestra primeras leyes. Proposición jheretical porque habla de nuestros deseos en contraposición de la [fe] que nos manda ser castos; y esta proposición se opine inmediatamente a lo que dice la Escriptura (Gens. c. 4) Sub te erit appetituts ejus, et tu dominaberis illuis. Porque si nuestra primera ley es nuestro apetito, no pudiera Dios decir que la podemos domninar o sujetar.

            En la pág. 43, lín 4, dice: Ah, proceded con sevicia, este es el espíritu de la iglesia: proposición temeperaria, impía y heresi próxima: porque si el espíritu de la Iglesia es el que Cristo enseño: este Sr. dice de sí (Math, c. 11) Dicite a me quia mitis sum. Con que decir que proceder con sevicia es el Espíritu de la Iglesia se opone a lo menos mediatamente a la Escritura.

            En la pág. 49 lín 19 y siguientes dice que el cristiano hombre habla con Dios así: Tú, cuya divina mano

 

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grava sobre mi carne desde el principio, este sentimiento que me incluyirá al amor, lo habrás tú puesto para condenarme algún día? Sielo yo hacerte, padre mío, una injuria, correspo0ndiendo al deseo de la naturaleza? Me condenaré yo por haber ofrecido mis cuidados, mi corazón y mis homenajes al dulce aspecto de cien bonitas caras? ;e perderé yo porque borracho entre sus brazos, prendado de sus divinos atractivos, he engañado cien vences el cuidado de sus madres? O Dios poderoso, o el mejhor de los padres, mi corazón tan flaco es la obra de tus manos. ¿Tendrás tú sobre él unos designio más vastos, que el placer de suaviszar su miseria? Este fuego que l amor derramó sobre la tierra, es de tu corazón el más tierno legado. Dulce como tú, &a.

                        He traducido todo este pasaje para dar a entender quál es el espíritu del author de este libro, porque todo él da a entender que no es posible guardar casitdad, que el amor profano agrada a Dios, y aun sus excesos no los tiene a mal, y sobre este asunto vomita mil blasfemias e impiedades como ésta.

                        Así mismo levanta muchos testimonios a los santos padres, especialmente a mi angélico Doctor Santo tomás y a la Venerable Madre Agreda, asegurando decdir cosas que no se hallanj en sus escritos; sino lo contrario. No traduzgo un enorme testimonio que en la  página 39 levanta a Santo Thomás y a los padres, porque no lo sufre el pudor.

                        Por todo lo qual, soy de dictamen que este libro se debe recoger; por contener proposiciones heréticas, heraese proximas, injurias, temerarias y blasfemas; porqiue es seductivo de la juventud, provocativo ad libidum, injurioso a todo el estado religioso, al Papa y a la Corte Romana, que dice ser el centro de los vicios. Este es

 

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mi sentir que sujeto, como debo, al Superior de V. S. I.  Convento de Carmelitas de México y septiembre 20 de 1787.

Fray Francisco de San Cirilo.

 

Inquisición de México y septiembre 22 de 1787

SS. Inquisidores Mier, Carasa

 

En el Santo Oficiuo de la Inquisición de México en veinte y siete días del mes de septiembre de mil setecientos ochenta y siete años estando en su audiencia de la mañana los señores Inquisidores doctores don Juan de Mier y Villar, y don Francisco Rodríguez de Carasa. Habiendo visto este expediente formado sobre el libro francés intiulado Le Balai. Poëme Heroï-Comique, las censuras dadas por fray Domingo de Gandarías y fray Cosme Enríquez, y fray Francisco de San Cirilo, en virtud de lo pedido por el señor inquisidor discal, dijeron que debían de mandar y mandaron: que dicho libro sea prohibido por el primer edicto que se publique, dando previamente antes de ello cuenta a S. A. los señores del Consejo de la Suprema con testimonio integro del expediente. Así lo acordaron y firmaron. Dr. Mier. Dr. Carasa.—D. Matías Josef de Náxera Secretario.

 

No aparece aquí la respuesta del Consejo de la Suprema.



[1] Preface, pág. XV. [Nota en el original]

[2] Por supuesto, ignoraban los  calificadores que el “libertino decidido” no era otro que el propio virrey, recién fallecido.

 

 

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